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La pequeña princesita...

Me gustan las carreras de motos en todas sus categorías, pero con las que más disfruto es con las de aficionados. Los grandes premios, el mundial de motocross, los ISDE, etc. son bellísimas pruebas donde los mejores del mundo demuestran lo mucho que valen. Ellos hacen parecer fácil lo que es dificilísimo. Lo dificilísimo es todo lo que llevan detrás, el sacrificio de los aspirantes a campeones, o bien de las personas que toman parte en competiciones oficiales sin más recompensa que probarse a sí mismas. Madrugones, sinsabores, dinero invertido a fondo perdido, sudor, lágrimas, alegrías, compañerismo, risas... lo mismo que en las carreras de categorías superiores, pero con los espectadores y los protagonistas bastante más mezclados.

Hace muy poco tuve el privilegio de vivir muy de cerca una prueba de resistencia de 24 H sobre tierra, las míticas 24 H de Moià, que se disputan en el precioso Circuit Verd del pueblo barcelonés de Moià. Por primera vez tomaba parte en la prueba un equipo compuesto por mujeres. Fue muy emocionante verlas en una parrilla compuesta por equipos de hombres, y fue muy emocionante la llegada. Pudieron acabar cuando pocos apostaban por su logro. Después de la épica, una historia pequeñita.

Una de las integrantes del equipo, Rosa, habitual campeona de la Baja Aragón en la categoría de Damas, llevó consigo a su hijita de ocho años y la moto infantil con la que la niña juega con los demás chiquillos mientras su madre compite.

Es curioso observar las reacciones de los demás niños cuando ven una niña en una moto infantil. En el trial, por suerte, el ejemplo de Laia Sanz está cambiando las cosas y ya no extraña ver a una niña en una moto a escala, pero en otras disciplinas sigue siendo una rareza absoluta. A los niños les llama la atención –todavía- ver a una niña sobre su moto. En cuestión de segundos pasan a la aceptación y juegan todos juntos a las carreras sin manías –otra cosa es si gana ella, perder nunca es plato de gusto-. Las pocas niñas presentes en los circuitos juegan entre ellas a cosas tradicionales, tipo la comba, muñecas o la goma de saltar. Las más lanzadas se animan al ver la juerga de la mini-carrera y piden una moto o un quad pequeñito para dar una vuelta, pero el resto siguen a sus cosas. Igual la hija de Rosa deja su moto en el box y se va con las demás niñas a jugar a las muñecas. O igual sienta a su muñeca de paquete y se la lleva a donde juegan las demás niñas. Depende...

Año tras año, la trastienda está dejando de ser una réplica milimétrica de lo que sucede en las carreras de mayores. Es un rayito de esperanza para las personas que nos alegraríamos de ver tantas mujeres en moto como en coche.
Algún día podremos presumir de campeonas internacionales como Andrea Mayer, Astrid Pichegrain o Elisabete Jacinto, o de parrillas nacionales llenas de mujeres como mis admiradas Silvia Martínez, Rosa Romero o Gemma García. Para eso hace falta base deportiva. Algún día...

Publicado por Ana Pérez, el 26/10/2007 a las 05:51

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